Al Caer la Noche
Y este hijo-puta que se levanta al medio día..., miserable lleno de sueños, pisando ilusiones. No escucha, no se escucha así mismo..., miserable, lleno de sueños, encantador de serpientes. No tiene ni para un cigarro..., pero se embriaga del vino mas caro, y no ha fiado. Hace de sus pies, sus sandalias, y juega al fútbol. Hace uso de todos y de todo, y las palabras no le salen y sin ofender, escribe.
Y este hijo-puta que se levanta al medio día..., miserable lleno de sueños, pisando ilusiones. No escucha, no se escucha así mismo..., miserable, lleno de sueños, encantador de serpientes. No tiene ni para un cigarro..., pero se embriaga del vino mas caro, y no ha fiado. Hace de sus pies, sus sandalias, y juega al fútbol. Hace uso de todos y de todo, y las palabras no le salen y sin ofender, escribe.
Bailarín
de noches oscuras, sin ser hombre ni mujer, silueta envuelto en
pequeñas gotitas que chocan en el suelo. En cuatro paredes que parecen
ser cinco, descubres a todos los cobardes, hechiceros nocturnos,
soñadores anónimos, en su temor real, y no eres más tu. Te elevas en
torbellino de tempestad /des, de guerras antiguas ganadas y lo que
quieres es vengarte. Embriagado, miserablemente encantado del sueño
nocturno que abrazador corre a ti al caer la noche.
Sonidos
profundos del alma que duelen..., miserable, lagrima de mujer envuelto
en rosas de papel. Y un reloj encantado que se detiene sin entender su
futuro en el tiempo, cobarde tictac, y piensas, si pudieras retroceder. Y
corres, en tus sueños corres, pero a nadie alcanzas..., al despertar
sigues corriendo. Mirada miserable que prometió y no cumplió..., sonrisa
impertinente rompiendo contigo en atardecer sombrío.
Oswaldo Guamań.
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